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Con motivo de la catastrófica situación que en estos momentos vive Haití, a continuación publicamos unos textos de solidaridad , sensibilización y reflexión de la organización Jubileo Sur (implicada desde hace años en el desarrollo de la Campaña de Solidaridad con Haití) y de Federico Mayor Zaragoza.
1.- De Jubileo del Sur/Americas.
* Solidaridad y respeto a la Soberanía Popular: Haití nos Llama *
Acompañamos al pueblo de Haití en este momento de infinito sufrimiento y
zozobra y hacemos nuestro su grito, llamando al mundo entero a responder
con urgencia, persistencia y solidaridad. Llamamos a los pueblos y a los
gobiernos a sacudirse con la misma fuerza con que la tierra sacudió
hasta los cimientos de la vida de ese digno y valiente pueblo, afectando
directamente a una tercera parte de la población – tres millones de
personas – y sumando una destrucción de inimaginables proporciones a lo
que ya era, para la inmensa mayoría, una situación de tremenda
precarización con la violación cotidiana de sus derechos humanos más
elementales.
Esta tragedia sobrepasa las fronteras de Haití, siendo responsabilidad
de la comunidad internacional dar una respuesta de socorro inmediata a
las víctimas y de r ecursos y políticas a corto y mediano plazo que
contribuyan, con todos los medios que la realidad exige, para que el
pueblo haitiano pueda reconstruir su propio país y futuro, libre de las
dominaciones y dependencias que tanto han marcado su vida. Sin duda
tiene la fuerza necesaria, y junto a ello, no podemos permitir que esta
tragedia sea aprovechada por quienes siempre han buscado doblegar esa
voluntad, para imponer una reconstrucción a modo y semejanza de sus
intereses mezquinos.
A lo largo de los últimos años y junto con muchas organizaciones
haitianas, hemos denunciado la ocupación militar por parte de las tropas
de la ONU y los impactos de la dominación impuesta por medio de la
deuda, el libre comercio, el saqueo de su naturaleza y la invasión de
intereses transnacionales. La condición de vulnerabilidad del país a las
tragedias naturales –provocada en gran medida por la devastación del
medio ambiente, por la inexistencia de infraestructura básica, por el
debilitamiento de la capacidad de acción del estado- no está
desconectada de esas acciones, que atentan históricamente contra la
soberanía del pueblo.
*Es momento que los gobiernos que forman parte de la MINUSTAH, las
Naciones Unidas y especialmente Francia y Estados Unidos, los gobiernos
hermanos de América Latina, revean esas políticas a contramano de las
necesidades básicas de la población haitiana. Exigimos a esos gobiernos
y organizaciones internacionales sustituir la ocupación militar por una
verdadera misión de solidaridad, así como la urgente anulación de la
ilegítima deuda que hasta el* *día de hoy se cobra a Haití.* Exigimos
que los recursos destinados para el auxilio y la reconstrucción no
generen nuevo endeudamiento ni que se les impongan condicionalidades o
cualquier otra forma de imposición externa que desvirtúen ese objetivo,
como es la práctica de las Instituciones Financieras Internacionales
como el Banco Mundial, el BID y el FMI, los llamados “países donantes” y
las empresas que ellos benefician.
Es hora que la comunidad internacional, y en particular los países e
intereses que se han enriquecidos a costa de ello, reconozcan y cumplan
con su deber de reparar las deudas históricas, sociales, ecológicas y
climáticas que han venido acumulando para con el pueblo haitiano. Es
hora de reconocer además, que históricamente son las mujeres quienes no
solo llevan una carga desproporcionada de los costos de una tragedia
como esta, sino que también puedan y deban ser artífices protagónicas
del proceso de reconstrucción.
Llamamos también a los movimientos y organizaciones del mundo entero, a
las personas vinculadas sobre todo con la salud y el hábitat popular, la
cultura y la comunicación, a movilizarse, creando y sumándose a las
campañas de apoyo, organizando comités locales para el envío de recursos
y brigadas solidarias en este momento tan difícil. Compartimos con el
heroico y resistente pueblo haitiano nuestro luto y solidaridad, con la
certeza que el país resurgirá libre y soberano.
2.- Federico Mayor Zaragoza.
Ahora!… y sobre todo, a partir de ahora. De nuevo ha sido precisa una
inmensa catástrofe para que el mundo “despierte” y tienda las manos, y
se “vuelque”, consternado, emocionado, compasivo, en ayuda de una
población – víctima que, de pronto, aparece ante nuestros ojos tan
entretenidos, tan distraídos, en un espectáculo horrendo, conmovedor.
Como sucedió en el tsunami de diciembre de 2005… Todos acudimos
presurosos… y ¿después? Después, nada. Hay espacios de nuestra
conciencia que no solemos visitar y, poco a poco, caen en el olvido.
Cuando, hace años, supe lo que supe de la historia de Haití, vi lo que
vi de su vida diaria; recordé con ellos -especialmente con ellas- las
increíbles humillaciones padecidas durante la época del dictador
Duvalier y sus “ton-ton macuttes”… decidí situar a esta parte morena de
la preciosa isla caribeña en el centro de mi corazón.
¡Qué vergüenza ser espectadores! ¡Qué vergüenza disfrutar de rentas per
cápita altísimas cuando tantos hermanos nuestros viven en la miseria más
absoluta! En Haití no llegan a un dólar por día… y, sin embargo, a
principios del siglo XIX, Haití –con Alejandro Pétion– y los Estados
Unidos, eran los únicos países del hemisferio occidental cuyas ideas
republicanas habían prevalecido.
No me canso de repetir que éste es el gran desafío: pasar de la
explotación a la cooperación, de una economía de especulación y guerra
(3,000 millones de dólares al día en gastos militares), tampoco debemos
cansarnos de repetirlo -al tiempo que mueren de hambre y desamparo más
de 60,000 personas de hambre–, a una economía de desarrollo global
sostenible, con inversiones en energías renovables, producción de
alimentos, obtención de agua por desalinización, acceso de todos a los
servicios de salud, protección del medio ambiente, viviendas ecológicas,
transporte eléctrico…
En una palabra, si ganamos la lucha contra la pobreza y la exclusión no
sólo moralmente sino también social y económicamente, la Humanidad
podría iniciar una nueva era.
Se ha “rescatado” a los financieros, que ya vuelven a ver las Bolsas
boyantes. Ahora, rápidamente, corresponde el rescate de la gente,
empezando por los más vulnerables.
¿Dónde están los recursos humanos y tecnológicos especialmente
preparados para reducir el impacto de las catástrofes? Desde 1989 a 1999
se estudiaron por el Sistema de las Naciones Unidas, todas las
circunstancias (terremotos, huracanes, inundaciones, incendios…) en las
que era necesario estar siempre alerta y dispuestos bajo la coordinación
de las Naciones Unidas para actuar con eficacia. Una vez más, la
maquinaria de la guerra es la única que está dispuesta: F-16, F-18… “a
manta”, pero observamos con consternación que incluso en los países “más
desarrollados” y con mayores arsenales bélicos, se hayan indefensos ante
el fuego, el viento y el agua desbocados…
“Misión: la Tierra”! Misión, la Madre Tierra! Y, cuando corresponda,
misión a Marte y a otros lugares más lejanos. Pero ahora, desde ahora,
Haití y Darfur y todos los lugares en que la Humanidad se juega su futuro.
Los “líderes” deben saber que, a partir de ahora, la decisión sobre
estos temas ya no les corresponderá en exclusiva. Que la sociedad civil
tendrá voz –sobre todo en el ciberespacio – y la elevará
progresivamente. Que se han terminado las incoherencias y las presiones
que mantienen todavía abiertos los paraísos fiscales -en buen número
cerca de Haití por cierto- y que podremos mirar a los ojos de los
supervivientes y decirles: “el tiempo de la insolidaridad y del olvido,
el tiempo del desamor, ha terminado”.